Estimado Lector de Temas de Masonería

Sitio personal de Eduardo Callaey. Todo el contenido está dirigido a la difusión de los orígenes, historia, simbolismo y alcances de la masonería y la Orden de la Caballería. También contiene artículos de opinión. Lo escrito es absoluta responsabilidad de su autor.

Stamlijn Callaey



Dedicado a todos los Callaey
... para vos, Aldana, especialmente

Una de las imágenes más lejanas de mi infancia es esta fotografía. En ella están retratadas cuatro personas. El varón sentado se llamaba Franciscus Norbertus Callaey y fue mi tatarabuelo. Todos los Callaey nacidos en Argentina son sus descendientes. La mujer sentada fue mi tatarabuela, Catherina Vlassenrrot, uno de los apellidos más importantes de Flandes. El hombre joven parado se llamaba Carolus Norbertus Callaey y fue mi bisabuelo. Al lado está su hermana, María Catherina, a la que llamaban “La Grande”.
Los cuatro nacieron en Amberes, Bélgica, en el transcurso del siglo XIX. Se exiliaron en Buenos Aires a causa de los conflictos religiosos que sufrían los belgas y aquí vivieron en paz y en esta ciudad fueron enterrados. Agotado el dinero traído desde Bélgica., Carolus, al que de aquí en más llamaré Carlos, heredó de su padre un pequeño establecimiento de zapatos a medida, que se vendían en tiendas como Gath y Chaves y se casó con una argentina llamada María Olivera, quince años menor que él. Tuvieron doce hijos de los cuales tres murieron antes de cumplir un año. Sobrevivieron nueve. Uno de ellos, Tito, se hizo boxeador profesional. Dicen que su porte era impresionante, igual que sus ojos negros. En una pelea recibió un golpe mortal que terminó con su vida y su carrera. Tenía apenas unos veinte años.
Llegue a conocer a siete de los ocho restantes: María, Carlos, Lola, Sara, Amelia, Julio y Francisco, mi abuelo. A Rosa no la conocí, pues se peleó de por vida con mi abuelo, conflicto que nos separó de nuestros primos durante muchos años.
Cuando nació mi primer hijo, supe por mi tía Amelia que había un original del retrato que yo había visto de chico. Estaba guardado en su casa. Pasaron más de dos décadas y un día, antes de morir, me lo dio, junto con una pipa que su padre, mi bisabuelo Carlos, fumó durante toda su vida. Ese retrato cuelga, en su marco original, a un par de metros de donde escribo. Y a la pipa nunca me animé a prenderla por temor a turbar la paz de Carlos. Esta historia que cuento es tal vez el único puente que le de un sentido a esta fotografía para las futuras generaciones que lleven esta sangre.

Mi abuelo Francisco murió en 1970, cuando yo tenía apenas doce años. Pero fueron suficientes para que me encendiera en el alma la sangre de Flandes que él había heredado de su padre. Mi abuelo creía, seriamente, que los Callaey eran personas especiales, que tenían un pasado glorioso y un futuro, obviamente, también glorioso. Gran parte de la vida de mi abuelo transcurría en los bares. De allí que a mí me gustan los bares y aprendí que si uno quiere conocer una ciudad tiene que ver a los personajes que habitan sus bares. Todos sabemos que los niños, los locos y los borrachos dicen la verdad, así que doy por rigurosamente ciertas las historias de mi abuelo. Mi abuelo me llevaba a los bares en donde se reunía con sus amigos, en particular con un paisano belga, don Hilario –que no era de Flandes sino de Valonia- pero que había conocido mucho a su padre. Creo que se reunían por el sólo placer de pelearse. Siempre discutían por asuntos de la lejana Patria y terminaban insultándose el uno al otro en flamenco y en francés. Fue así que entre mi abuelo, mi tía Amelia y don Hilario, fui armando las imágenes de estos ancestros belgas. El orgullo que me trasmitieron fue tal que, cuando me dediqué a historiador amateur no pude detenerme hasta encontrar el último de los Callaey en la historia y en el mundo.

Francisco Roberto Callaey, mi abuelo

Todavía no lo he logrado pero, retrocediendo, ya estoy a las puertas del siglo XVI. Diré, entonces, todo cuanto se de estos cuatro personajes, haciendo especial hincapié en que lo que escribo es aquello que me fue contado, pues cuando nací, en 1958, el último de ellos llevaba décadas bajo la tierra generosa de esta lejana comarca. La fotografía fue tomada a fines del año 1889 en San Telmo -el barrio más antiguo de Buenos Aires, escenario de la Resistencia durante las Invasiones Inglesas de 1806-1807- por uno de los más importantes fotógrafos de Buenos Aires, el italiano Saverio Stoppani.[1] Concentrémonos ahora en las figuras retratadas. Los datos filiatorios de Franciscus Norbertus Callaey surgen del estudio realizado por Johan Van Sten, sobre la población del distrito de Ravels entre 1806 y 1900.

En esta lista dice que Petrus Joannes Baptista Callaey y Josephina Boeckx tuvieron tres hijos: Franciscus Norbertus Callaey nacido el 18 de enero de 1837; Jaoannes Baptista el 20 de febrero de 1843 y Henricus Leopoldus el 20 de mayo de 1845. De Henricus no sabemos nada, en cambio de Joannes Baptista sí. Su hijo vivió en Amberes y tuvo un hijo que entregó a los frailes capuchinos. Con el tiempo se convirtió en Jefe de la Orden de los Capuchinos de Flandes con el nombre de Fredegard Callaey uno de los últimos historiadores de la Iglesia. También se lo conoce como Fredegando de Amberes y debe haber tomado ese nombre por San Fredegando (Fredegard) es uno de los santos más venerados en Flandes. He podido ir comprando algunos de sus libros, de los cuales el más conocido es la biografía de Ubertino Da Casale. La figura de Ubertno aparece en la novela "El nombre de la rosa" de Umberto Eco. Es el fraile franciscano anciano escondido en la abadía, que atemoriza al joven Atso con sus pláticas sobre el demonio.

Fredegard de Amberes También escribió una historia de la Iglesia en latín en tres volúmenes: Praelectiones historiae ecclesiastica antiquae, aetatis mediae et modernae que me ha sido muy útil a la hora de investigar respecto de las relaciones entre Beda el venerable, Rabano Mauro y Walafrid Strabón. Profesor de Teología en la Universidad de Lovaina, Fredegard fue el gran historiador de la Tercera Orden. 




San Fredegando (llamado también Fredegando de Kerkelodor) predicó en el territorio de Bravante, Austrasia en el siglo VIII. Dice Pablo de San Nicolas (1729) en su obra Siglos Geronimianos, Historia Eclesiástica y Monástica que: "San Fredegando fue discípulo de San Foylano y compañero de San Furlero. Después de haber predicado por Flandes fundó un monasterio en Doorne (Deurne). Pasó al Cielo el 17 de julio y fue sepultado en su monasterio que fue ilustre en lo antiguo hasta que lo destruyeron los normandos..."

Pero volvamos a mi tatarabuelo, el primogénito de los hijos de Petrus.
Franciscus Norbertus fue militar a la vez que ya retirado dirigió los negocios de la familia en Amberes. Por parte de su mujer había heredado una imprenta. Prestó servicios en el ejercito del Rey y en el Congo (denominado entonces Estado Libre del Congo) bajo el reinado de Leopoldo II, quien era propietario de esa Nación a título personal. Su estancia en África fue breve, pero esa circunstancia impresionaba mucho a su hijo Carlos y por carácter transitivo a su nieto (mi abuelo Francisco).[2]

Leopoldo II Rey de los Belgas

La familia de Franciscus era católica y como tal había sufrido las consecuencias de los conflictos entre protestantes liberales y católicos conservadores en Flandes. La situación debe haberse vuelto insostenible para que Franciscus decidiera exiliarse en la lejana Argentina. Sabemos que por entonces Carolus no tenía todavía ocho años, la edad en que se tomaba la primera comunión y que esto provocó un fuerte conflicto entre Franciscus y el párroco de Ravels. Franciscus no quería embarcar a su hijo sin haber recibido la Eucaristía, pues no aceptaba el riesgo de un naufragio sin el sacramento de la Sagrada Comunión. Esto atrasó los planes. Viajaron inmediatamente después de realizada la ceremonia religiosa.

Francisco Norberto Callaey, mi tatarabuelo

Tanto mi abuelo como don Hilario coinciden en sus testimonios en que Franciscus eligió la Argentina porque aquí ya habían venido otros católicos exiliados, animados por el hecho de que la Constitución Nacional garantizaba el culto de esa religión. Si tenemos en cuenta la actuación religiosa del monje Fredegard en Flandes en la Universidad de Lovaina y en Roma podemos afirmar que la familia Callaey estaba fuertemente anclada en el catolicismo romano.
El apellido Callaey sufrió una mutación importante en el siglo XVIII, pues hasta ese momento no era Callaey sino Calluy. Esto lo he confirmado viendo las sucesivas actas de bautismo en donde los padres Calluy tenían hijos que luego cambiarían el apellido por el de Callaey, o Caley.
Recientemente y gracias a nuevos datos genealógicos que surgen de archivos digitalizados, puede encontrar un linaje aún más antiguo, que conjuga los apellidos Corluy-Callaey en los vastos territorios de la antigua Austrasia. En esta genealogía que se remonta a Adrianus Corluy-Callaey (nacido en 1642 en Boechout, que es un pueblo de Flandes en la Provincia de Amberes) hay todavía mucho para investigar, sobre todo en Alemania, Francia, Holanda y Suiza.
De modo tal que el apellido puede encontrarse, según la región de Flandria en donde se haya hecho el registro del bautismo en las formas de Colluij, Caleuy, Calluy o Callaey en ocasiones bajo la forma combinada Corluy-Colluij o Corluy-Callaey



Este asunto se debe a los graves acontecimientos políticos de Flandes, que en distintas épocas fue dominado por germanos, franceses o españoles, en particular Amberes, el puerto estratégico en el que ya estaban establecidos los Callaey desde el año 1625. El más antiguo dato del que dispongo sobre la mi linaje familiar Calluy/Callaey se remonta a Nicolás Calluy (mi 10º abuelo), casado con María Keulemans el 17 de julio de 1640, en el distrito de Boom y fallecido el 2 de marzo (mismo día que murió mi abuelo Francisco) de 1655.
Nicolás tuvo cuatro hijos, tres mujeres y un varón, éste último bautizado Joannes el 5 de febrero de 1645 (9º abuelo). Joannes se casó con una aristócrata de la Casa de De Bruyn, de nombre Catherina, que en algunos documentos ya figura como Callaey. Se casaron en 1667 y su único hijo varón, Henricus (8º abuelo), fue bautizado el 22 de diciembre de 1668.

Blasón de la Casa de Bruyn

Blasón de la Casa de Van der Reeth

Henricus se casó con otra aristócrata, Magdalena Van der Reeth el 15 de abril de 1694. Nueve meses después, el 6 de enero de 1695, nació el primogénito Egidius Calluy/Callaey. Henricus tuvo otros seis hijos. Uno de ellos, Jan Baptista (7º abuelo), nacido el 16 de junio de 1703 fue el que legó el apellido a la siguiente generación.
Jan Baptista se casó en Boom con Catherina Vloesbergh el 11 de julio de 1731. Tuvieron seis hijos. Al quinto lo bautizaron con el nombre del tio, Egidius (6º abuelo), el 4 de julio de 1740. Jan Baptista murió en 1745, apenas cinco años después. Pero Egidius tuvo una larga prole de hijos con Anna Bárbara Mampaey. Uno de ellos, Petrus Antonius (5º abuelo), bautizado el 26 de diciembre de 1781 se casó, con otra mujer de la Casa De Bruyn, María Catherina, circunstancia que indica la fuerte alianza entre los Callaey y los De Bruyn a lo largo de más de un siglo. Tuvieron al menos siete hijos, siendo el primogénito Petrus Joannes Baptista Calluy/Callaey nacido el 24 de abril de 1817 (4º abuelo) de quien ya hemos hablado
Pero retomemos ahora a la historia de Franciscus Norbertus Callaey (3º abuelo, tatarabuelo). La fotografía que tenemos de los cuatro es de la década de 1880 (sin lugar a dudas de 1889). Fue tomada en la casa Stopani, en el barrio de San Telmo. Carlos fue prolífico en hijos y hay muchas anécdotas que deberán ser contadas para que nuestros nietos sepan de dónde les viene ese carácter jodido. Carlos Norberto Callaey (2º abuelo, bisabuelo)  tuvo nueve hijos. Uno de ellos, Francisco Roberto , fue mi abuelo. Su hijo, Roberto Carlos , es mi padre, nacido en Buenos Aires en 1930, fallecido en junio de 2012.

Carlos Norberto Callaey, mi bisabuelo

De algún modo, esta impronta europea presente en mi familia por ambas ramas (paterna belga y materna italiana) han marcado mi pasión por la historia de Europa y mi visión eurocéntrica del mundo. Creo que mi trabajo como ensayista puede entenderse mejor desde ésta perspectiva. Por otra parte, cuando mis nietos tengan la edad adecuada, sabrán acerca de su familia paterna, al menos hasta su 13º abuelo (que no es poco), aunque confío poder remontar el desafío de ir más atrás. En eso estamos.
Decía Julio Cesar que de todas las razas bárbaras, los belgas eran los más aguerridos guerreros -en otras palabras los más brutos-. Los que yo conocí, con sus luces y sombras, con sus amores y odios, me trasmitieron que la vida es maravillosa, que el hombre es libre y que debe trabajar para construir su destino. Lo demás no importa. Los datos que me permitieron armar esta genealogía provienen de distintas fuentes que fueron debidamente cruzadas.


[1] En 1881, durante la “Esposizione Industriale Artística Operari” que patrocinó la Societá Unione Operari Italiani, la participación de fotógrafos peninsulares fue muy importante y varios de ellos fueron premiados por la calidad de sus obras. Podemos mencionar a Saverio Stoppani, Luis A. Pozzi, Pedro Avallone, José Lotti y Cía. y Giovanni Capelli. Estas medallas luego se incorporaron orgullosamente en la publicidad fotográfica.
Fuente http://www.revistadeartes.com.ar/revistadeartes%207/historiafotografiaargentina.html 
Podemos agregar que Saverio Stoppani inauguró su estudio en 1889 y que en 1906 abrió una sucursal en Santa Fe al 1800 de la Capital Federal.
[2] Aclaro aquí que cuando hablo de mi tatarabuelo lo llamo con su nombre de bautismo Franciscus para diferenciarlo de mi abuelo Francisco.